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Shutter Island

· Introducción
· Viaje a Shutter Island: De Lehane a Scorsese
· Shutter Island al descubierto: Los personajes
· Detrás de Shutter Island: La inaudita pero verdadera historia de las instituciones mentales
· Dentro de Shutter Island: El diseño
· Las tormentas de Shutter Island: el clima


Introducción

Paramount Pictures y Vértice Cine presentan Shutter Island, una película de Phoenix Pictures en asociación con Sikelia Productions y Appian Way, dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Michelle Williams, Emily Mortimer, Patricia Clarkson y Max von Sydow. La película está dirigida por Martin Scorsese a partir del guión de Laeta Kalogridis basado en la novela de Dennis Lehane. Los productores son Mike Medavoy, Arnold W. Messer, Bradley J. Fischer y Martin Scorsese. Los productores ejecutivos son Chris Brigham, Laeta Kalogridis, Dennis Lehane, Gianni Nunnari y Louis Phillips. El director de fotografía es Robert Richardson. El diseñador de producción es Dante Ferretti. La película ha sido montada por Thelma Schoonmaker. La diseñadora de vestuario es Sandy Powell. El supervisor de efectos visuales es Rob Legato. Co-producen Joseph Reidy, Emma Tillinger y Amy Herman. El supervisor musical es Robbie Robertson. La película está pendiente de clasificación.



Viaje a Shutter Island: De Lehane a Scorsese


Tras terminar su novela Mystic River, en la que se basó la oscarizada película de Clint Eastwood, el escritor Dennis Lehane cambió radicalmente de dirección. Alejándose de los ambientes de clase trabajadora de Boston por los que es conocido, Lehane creó una intriga psicológica plagada de terror y ambientada en el apogeo de la paranoia de la Guerra Fría en los años 50, en la que las líneas que separan la cordura y la locura, la verdad y el engaño empiezan a difuminarse.

Shutter Island mezcla elementos de misterio gótico, novela de detectives, conspiraciones, vueltas de tuerca y un terror al estilo de Edgar Allan Poe para crear un inquietante efecto que coge al lector por sorpresa. A lo largo de cuatro intensos días en la isla donde se encuentra el Hospital Ashecliffe para Criminales Trastornados, en medio de un terrible huracán de categoría 5, la novela presenta una insólita investigación criminal sin ningún contacto con el mundo exterior en la que los dos investigadores solitarios se ven sometidos a una creciente tensión. El agente Teddy Daniels se verá obligado a enfrentarse a un mundo en el que la psique humana está peligrosamente descontrolada y acechan terribles secretos, recuerdos aterradores y verdades enterradas.

El libro parte del enigma de la inexplicable desaparición de una asesina de un centro de alta seguridad, pero dentro de su laberinto de espeluznantes giros inesperados trata temas como el trauma persistente de la segunda guerra mundial, el potencial del siglo XX para infinitud de conspiraciones, el debate sobre los tratamientos psiquiátricos invasivos y, sobre todo, el extraordinario poder de la psique humana para eludir todos los intentos científicos y legales por controlarla.

Janet Maslin, del New York Times, calificó la novela, que se convertiría en uno de los best-sellers de 2003, de "inesperadamente original" y "con cualidades cinematográficas". El productor Bradley J. Fischer, uno de los socios de Phoenix Pictures, estaba produciendo el thriller de David Fincher Zodiac cuando compró el libro en un aeropuerto y se quedó tan atrapado por su angustiosa atmósfera y por la maraña de temas contemporáneos que inmediatamente quiso llevarlo a la pantalla.

"Yo ya era un gran admirador de Dennis Lehane, pero no estaba preparado para esta novela", recuerda Fischer. "Es un thriller y un misterio gótico, pero es mucho más que eso, por su profundidad y porque trata temas morales muy serios. El argumento, denso e inquietante, contiene una serie de giros que te dejan desconcertado."

En cuanto pudo hacerse con los derechos, Fischer se puso manos a la obra junto con el presidente de la compañía, Mike Medavoy. El ejecutivo de Phoenix Pictures Arnold W. Messer se les unió como productor.

Fischer se puso en contacto con Laeta Kalogridis, una guionista conocida por su gran afinidad con el suspense, la aventura y los personajes complejos. Después de trabajar con ella en el thriller de acción ambientado en la época de los vikingos El guía del desfiladero, los productores de Phoenix sabían que tenía el potencial creativo para llevar a buen puerto el proyecto. "Sabíamos que Laeta sería capaz de hacer que las maravillosas palabras de Dennis Lehane cobraran vida con todas las posibilidades que ofrece el cine", dice Fischer.

Kalogridis, que también es una de las productoras ejecutivas de Shutter Island (junto a Chris Brigham, Lehane, Gianni Nunnari y Louis Phillips), estaba entusiasmada con el reto de adaptar el rico material de la historia de Lehane, que se va entretejiendo mediante flashbacks, alucinaciones y fantasías, jugando con el tiempo cronológico y la huidiza naturaleza de la realidad en cada momento. Se metió de lleno a explorar el amplio espectro de complejos temas que plantea Lehane, desde el terrorífico pasado de las instituciones mentales y la sórdida ciencia detrás de las lobotomías a espantosos hechos históricos como los campos de concentración nazis y los experimentos de control mental de la Guerra Fría.

"A Laeta la historia le impactó tanto como a mí", comenta Fischer. "Comprendió que la narración tiene distintos hilos y capas para los que hay que encontrar un equilibrio - la adaptación no fue fácil - pero exploró distintas direcciones para los personajes y formas de presentar los flashbacks. Pronto tuvimos un guión con el que Mike Medavoy y yo estábamos muy satisfechos."

Más incluso que la novela, para la que el autor se inspiró en parte por su amor por el cine de serie B, el guión recuerda a películas clásicas de Hollywood como el misterio sobre cambios de identidad Laura, de Otto Preminger, y Shock Corridor, de Sam Fuller, sobre la situación en los hospitales mentales. Era evidente que para hacerle justicia necesitarían a un director con un profundo conocimiento del cine y una pasión por la interacción psicológica.

El primer nombre en el que pensó Fischer fue el del director ganador de un Oscar, Martin Scorsese. Los ejecutivos de Phoenix se pusieron en contacto con el prolífico pero siempre ocupado director sin demasiadas esperanzas porque supusieron que, después de ganar el Oscar al mejor director por Infiltrados, era poco probable que aceptara.

No pudieron haber escogido un mejor momento. Scorsese no solo estaba disponible sino que el estilo y la temática de Shutter Island le cautivaron. Cuando Phoenix le envió el guión, estaba inmerso en la narración de Val Lewton: The Man in the Shadows, un documental sobre el creador detrás de las películas de terror de la RKO de los años 40 tan influyentes como La mujer pantera y Yo anduve con un Zombie. Scorsese tenía ganas de revisar el concepto de terror existencialista. "A Marty le atrajo la idea de rodar una historia de terror gótico envuelta en misterio", explica Fischer. "Se entusiasmó con la idea desde el principio. Cuando me llamó su agente para decirme que quería dirigir Shutter Island, dijo: 'Marty dice que le recuerda a una película alemana antigua llamada... llamada...' Mientras intentaba recordar el título, dio la casualidad que yo tenía delante de mí en mi oficina un cartel enmarcado de esa película, una de mis favoritas, un clásico mudo del cine expresionista alemán. 'Dijo que le recordaba a El gabinete del Dr. Caligari', sugerí yo. 'Sí', gritó su agente. '¡Esa era!'"

Fischer continúa: "Que el guión le recordase a la misma película de terror de la época Weimar que a mí fue impresionante. De todos modos, no me sorprendió. Siempre asocié El gabinete del Dr. Caligari a Shutter Island. Marty también es un admirador de esa película y fue uno de sus muchos referentes durante el rodaje. A partir de ese momento, las cosas avanzaron rápidamente. Lo que Marty vio en la historia y los distintos niveles que encontró en el material hicieron que fuera un proyecto mucho más complejo de lo que nos habíamos imaginado."

Scorsese dice que el guión de Shutter Island le enganchó en la primera lectura. "No sabía nada de la historia y empecé a leerla a las diez y media de la noche. Tenía que irme a la cama porque madrugaba al día siguiente, pero no podía apartar los ojos del guión y los distintos niveles de la historia no dejaban de sorprenderme", recuerda.

Sintió una conexión inmediata con la mezcla de géneros clásicos de intriga, desde un oscuro cine negro al terror con mayúsculas. "Este es el tipo de película que me gusta ver, el tipo de historia que me gusta leer", explica Scorsese. "Todos estos años, creo que me he mantenido alejado de ciertos tipos de película que emulan un estilo que en cierta manera me parece un referente, pero al final son las películas que vuelvo a ver una y otra vez. Siempre me han atraído este tipo de historias. Lo interesante es que la historia y la realidad de lo que está pasando van cambiando constantemente y hasta la escena final todo se basa en cómo se percibe la realidad."

"Más que la ambientación o la manera de contar la historia, para mí lo importante es lo que le sucede al personaje de Teddy, que me parece muy emotivo. Esa fue la conexión emocional.", continúa:

Scorsese usó los elementos de cine negro del guión de Kalogridis para profundizar en las microdinámicas y maquinaciones psicológicas de los personajes, combinando una gran riqueza visual con emociones subyacentes para que el público acompañe a Teddy Daniels en su viaje al límite. Desde el comienzo de la pre-producción, el director inspiró al reparto y al equipo técnico con una serie de proyecciones nocturnas de películas, algunas legendarias y otras desconocidas, que trataban los temas y estilos presentes en Shutter Island.

Entre las escogidas por Scorsese destacaban Laura, de Otto Preminger; la oscura historia de traiciones de Jacques Tourneur de 1947 Retorno al pasado; el thriller de Edward Dmytrykde de 1947 Crossfire, sobre el asesinato de un soldado judío después de la segunda guerra mundial; el drama policial de 1952 de Nicholas Ray La casa en la sombra; el debut como director de Karl Malden Labios sellados, de 1957, un intenso drama psicológico sobre un soldado americano que se enfrenta a un juicio marcial; El proceso, de Orson Welles, adaptación de 1963 de la historia surrealista de Franz Kafka en la que un hombre que es detenido sin más explicación acusado de un crimen que desconoce; los documentales de John Huston San Pietro y Let There Be Light, este último sobre soldados que regresan sufriendo lo que se denominó "síndrome de guerra"; referentes del cine de terror como La casa encantada, de Robert Wise, y Suspense, de Jack Clayton; y varias películas de Val Lewton, a las que Scorsese debe su aprecio por el género del thriller de terror, entre ellas la enigmática The Seventh Victim, sobre una mujer que busca a su hermana desaparecida en una secta satánica.

La lista también incluía un documental obligatorio de 1967: el polémico Titicut Follies, de Frederick Wiseman, que llegó a estar prohibido y que expone el trato a los pacientes en un hospital para criminales trastornados. El documental proporcionó a los actores y al equipo una percepción desgarradora de cómo eran los centros mentales en los 50 y los 60, antes de que las reformas modernas mejoraran las condiciones y dieran prioridad a los derechos del paciente. Ambientada en el Instituto Correccional de Massachusetts para Criminales Trastornados de Bridgewater, la película recrea sin tapujos un centro en el que se desnudaba a los pacientes, se les encadenaba a la pared de la celda, se les alimentaba por la fuerza y se les despojaba de la más mínima dignidad humana. La película tendría una gran repercusión. Al poco de su estreno, la indignación pública era tal que se inició una demanda colectiva contra Bridgewater, lo que a su vez dio lugar a cambios permanentes en la forma de dirigir las instituciones estatales de todo el país.

"Ver Titicut Follies hizo que los actores y el equipo técnico vieran de primer mano el tipo de mundo que se retrataría en la película", señala Fischer. "Fue una experiencia muy impactante para todos nosotros."



Shutter Island al descubierto: Los personajes


En el centro del suspense y la escalada de terror de Shutter Island encontramos la desgarradora experiencia de Teddy Daniels, el curtido veterano de guerra y agente federal que llega a la isla hospital para investigar la desaparición de una asesina, sólo para adentrarse cada vez más en un abismo de enigmas vertiginosos, tormentosos recuerdos y miedo inexorable. Tras toparse con un obstáculo tras otro en su investigación, Teddy tiene motivos para creer que está siendo manipulado, observado e incluso drogado, lo que le lleva hasta los límites oscuros y difusos de su propia cordura. Quizás le están advirtiendo de que no indague en la verdad sobre Shutter Island o es víctima de un terrible experimento, pero no cabe duda de que hay planes ocultos que atan a Teddy a este lugar impenetrable.

Para interpretar a un personaje tan contenido, pero cuyas facetas más ocultas saldrán a la luz en cuestión de días, los productores pensaron desde el principio en Leonardo DiCaprio, tres veces nominado al Oscar, que ha madurado en la pantalla hasta ser uno de los actores actuales con más carisma. "Cuando pensamos en Marty inmediatamente nos vino Leo a la cabeza, primero porque era un papel perfecto para él y segundo por el increíble éxito de sus otras colaboraciones con Scorsese.", dice Fischer.

Scorsese respaldó la decisión sin dudarlo. "Después de haber trabajado con él en Gangs of New York, El aviador e Infiltrados, enseguida pensé en él para el papel", dice. "Tenemos una forma de trabajar juntos y sabía que podía confiar en él como artista para alcanzar todos los estados psicológicos y emocionales por los que pasa el personaje de Teddy y la transformación que sufre. ¿Que si le he visto hacerlo antes? No a este nivel, creo. A medida que se hace mayor, tiene cada vez más matices."

DiCaprio aceptó nada más leer el guión. "Me atrajeron muchas cosas del personaje", explica. "Teddy llega a Shutter Island decidido a resolver un misterio y a averiguar lo que está pasando, pero también tiene sus propios planes y secretos. Su viaje es mucho más complejo de lo que parece a simple vista. Una de las cosas que más me gustan de la historia es que no deja de desconcertarte. Funciona a muchos niveles, es como un pastel gigante con muchas capas."

"Me enamoré de la complejidad de Teddy, con su búsqueda de la verdad, que despierta algo en él y que también despertó algo en mí. El final me impactó profundamente.", continúa.

También le atrajo la idea de volver a trabajar con Scorsese. "Una cosa que no creo que mucha gente sepa de Scorsese es lo mucho que confía en los actores y lo mucho que depende de que estos hagan los deberes antes de empezar a rodar", comenta DiCaprio. "Es un genio del cine y sabe cómo conducir la mente humana y retratar aspectos de la condición humana, pero permite que los actores sean realmente los que dicten lo que utiliza en la pantalla."

Tras aceptar el papel, DiCaprio comenzó una investigación por su cuenta. Se documentó sobre la formación que recibían los agentes federales de los años 50 y sobre las experiencias de los veteranos de la segunda guerra mundial y se informó de las técnicas psiquiátricas empleadas en las instituciones mentales en esa época. También leyó una y otra vez la novela de Lehane. "Tener a alguien como Dennis Lehane, que crea personajes tan complejos, te da muchos puntos de referencia y un buen material para empezar a trabajar", dice.

El grueso de su preparación fue, sin embargo, una serie de largas conversaciones con Scorsese. "A Marty le encanta comentar hasta el más mínimo detalle y eso te ayuda a concretar quién es tu personaje y a hacer que resulte más creíble en pantalla. Comentábamos las escenas casi como detectives de homicidios, repasando hasta el más mínimo detalle. Esa es una de las partes más interesantes, difíciles, aterradoras y divertidas de hacer este tipo de películas, porque, cuando llegas al rodaje, estás realmente comprometido con algo."

En el caso de este personaje en particular, estas conversaciones tuvieron especial importancia. "Con Teddy, había una fina línea que no queríamos cruzar y eso fue todo un desafío", explica DiCaprio. "Necesitaba que Scorsese me marcara las pautas de hasta dónde podían ir las cosas. En un segundo visionado se pueden apreciar muchas de estas sutilezas."

Otra fuente de inspiración para DiCaprio fue el reparto que le acompañaba. "Hay interpretaciones formidables, con personajes tan trabajados que cobran vida", dice. "El reparto está espectacular y te convence de que los personajes que encuentras en Shutter Island son reales y tangibles."

DiCaprio tenía mucho interés en trabajar con Mark Ruffalo, que interpreta a Chuck Aule, el nuevo compañero de Teddy que también se verá arrastrado por los misterios y conspiraciones de la isla rocosa. "Hacía mucho que quería trabajar con Mark. Su carrera está llena de interpretaciones fantásticas y ultra-realistas", dice. "Su personaje, Chuck, tiene una interesante relación con Teddy. Empiezan a forjar una relación de confianza, pero sospechan de las intenciones del otro. Mark aporta algo necesario a la película y compensa a mi personaje de una manera muy profunda."

Ruffalo se ha revelado como uno de los actores protagonistas más versátiles e interesantes, tras trabajar en películas como Puedes contar conmigo, de Kenneth Lonergan; Olvídate de mí, de Michel Gondry; y Collateral, de Michael Mann. Dice Scorsese: "Llevaba queriendo trabajar con Mark desde que le vi en Puedes contar conmigo, de la que fui productor ejecutivo. Con Mark puedes lograr una intensa conexión emocional. Es creíble a cualquier nivel cuando interpreta personajes complejos."

A Ruffalo le atrajo la oportunidad de trabajar con Scorsese y DiCaprio, pero fue lo imprevisible del guión lo que acabó de convencerle. "Al principio crees que es sólo una historia interesante de detectives, pero a medida que avanza te vas encontrando con sorpresas y giros inesperados y el guión resulta ser muchas otras cosas que no te esperabas", dice. "Todo es cada vez más extraño y te transporta a otro mundo. A medida que leía el guión me iba dando cuenta de que interpretar a Chuck, que juega un papel mucho más importante de lo que parece al principio, sería un reto extraordinario."

Preparar el papel fue un gran desafío para Ruffalo. "Tenía que resolver el problema de cómo manejar las sutilezas del personaje", explica. "Parece que Chuck está ahí para proteger a Teddy, pero en el fondo también le está empujando hacia una revelación. Hay un interesante tira y afloja interpretativo." Una de las claves era conseguir que su personaje mantuviera el interés al ver la película por segunda vez, incluso después de que se desvelaran todos los secretos de la historia. "Creo que la segunda vez que la ves aprecias pequeñas pistas de lo que está pasando realmente, aunque sin levantar grandes sospechas", dice Ruffalo. "Todo se basa en cómo escucho y respondo ante ciertas cosas, en cómo miro a Leo."

Ruffalo vio cumplido su deseo de trabajar con DiCaprio. "Hace mucho que le admiro y le he visto madurar como actor. No sabía con qué me iba a encontrar, pero descubrí que es uno de los actores más trabajadores y entregados. Trabaja sin descanso, estudiando constantemente sus frases y hablando sobre los personajes. Nunca estaba satisfecho, pero, al mismo tiempo, es muy generoso con los otros actores. Realmente me dejó impresionado."

Ruffalo encontró inspiración en el entusiasmo de Scorsese. "La película en un lienzo en blanco para el virtuosismo de Scorsese", dice. "Está llena de secuencias de fantasía, flashbacks, elegancia de época, estados mentales alterados, cine negro, elementos sobrenaturales y personajes muy trabajados. Le permite poner en práctica todo lo que siempre ha amado del cine. Una de las mejores cosas de trabajar con Marty es que aprecia de verdad a los actores y le encanta crear un entorno de trabajo donde todo el mundo puede aportar su visión. Fue un proceso muy colaborativo. Todos nos sentábamos a hablar de los personajes. También hablábamos de mitología, historia y, sobre todo, de cine, remitiéndonos a los clásicos para explorar los personajes y captar el estilo del cine negro. En cada fotograma pasan muchas cosas a todos los niveles y creo que eso la convierte en una experiencia cinematográfica muy satisfactoria. ", prosigue.

El ganador de un Oscar Ben Kingsley se unió al reparto para interpretar al brillante Dr. Cawley, que psicoanaliza cada movimiento de Teddy y Chuck tras pedirles que encuentren a su peligrosa paciente. Scorsese llevaba tiempo queriendo trabajar con Kingsley y pensó que el papel sería perfecto para él. "Ben fue una elección obvia por su dedicación, concentración y compasión. Eso es lo importante del personaje del Dr. Cawley - su dedicación y su capacidad de encontrar algo humano en sus violentos pacientes", dice el director.

A Kingsley le atrajo la historia y, sobre todo, las intenciones secretas de su personaje. "Esta historia es como una excavación arqueológica en la que te vas encontrando una capa detrás de otra", dice. "Eso me gusta, y me gusta el Dr. Cawley porque esconde extraordinarios secretos que irán saliendo a la superficie. Tiene una interesante visión de su profesión en una época en la que se libraba una batalla entre los antiguos tratamientos y los nuevos fármacos y e intervenciones como las lobotomías."

Kingsley llegó al rodaje con su propia visión del aspecto que debería tener el Dr. Cawley. "Lo de tener en la cabeza la imagen exacta del personaje me viene de mis días de Shakespeare", dice. "Escogí su traje verde, su pipa y unos maravilosos zapatos de cuero de Oxford que le anclan a la tierra. Me lo imagino como un hombre con los pies en la tierra, pero con la cabeza en las alturas de la ciencia."

Disfrutó especialmente interactuando con el resto del extraordinario reparto. "Leo está en la etapa Hamlet de su vida y este papel le da una oportunidad extraordinaria de mostrar esa madurez. Mark Ruffalo irradia afecto y lealtad; Michelle Williams tiene una vulnerabilidad hermosa y conmovedora; Emily Mortimer es exquisita, como un pájaro que golpea sus alas contra una ventana; Patricia Clarkson rebosa calma e inteligencia y Max von Sydow, con su impresionante autoridad, está soberbio. Marty los utilizó como un pintor, colocando un color al lado de otro para lograr un mayor efecto. Es un lujo formar parte de un proyecto como este."

Dolores, la mujer de Teddy, es un personaje clave interpretado por la candidata al Oscar Michelle Williams (Brokeback Mountain), que no dudó ni un instante a la hora de aceptar un personaje tan poco común. "Es un papel muy exigente, lo cual es algo que siempre me atrae", dice. Reconoce que el personaje le afectó mucho más de lo que había previsto "Fue muy duro interpretar a Dolores. Es como estar en una pesadilla de la que no puedes despertar y que no para de cambiar y de volverse cada vez más oscura."

Para profundizar en la psicología y la veracidad de Dolores, Williams leyó mucho sobre patologías psiquiátricas, vio documentales y habló con varios médicos. "También hablé mucho con Marty", explica, "porque una de las cosas más importantes es establecer la confianza."

La época en la que transcurre también despertó el interés de Williams. "Los años 50 fueron una época de incertidumbre. Dolores está atrapada en su paranoia con la guerra, con ser espiada, con no estar a salvo", señala. "Tuve que compadecerme de ella por todo lo que le estaba pasando."

A menudo el rodaje de Williams estuvo pasado por agua, inundado con diluvios inducidos por el sueño. "Me pasé dos meses haciendo el mismo movimiento empapada de arriba a abajo", ríe. "Estuve casi todo el rodaje con los dedos arrugados pero todo forma parte de la manera de Marty de contar la historia y me encantó ser parte de ella."

Dice DiCaprio de Williams: "Michelle da el peso emocional a toda la película con una intensa interpretación que va al fondo de quién es esta pareja."

Dolores no es la única mujer que ronda a Teddy Daniels durante su visita al hospital Ashecliffe. Está también Rachel Solando, la peligrosas asesina trastornada cuya inexplicable desaparición le lleva a la isla. Rachel aparece en dos encarnaciones, interpretada por la candidata al Oscar Patricia Clarkson (Retrato de April) y la prometedora Emily Mortimer (Match Point).

Dice Scorsese de Clarkson: "Su escena con Leo en la cueva es una de mis favoritas. Es como el Oráculo de Delfos. Es un encuentro ritualista, casi como un antiguo mito, pero Patricia interpreta al personaje con una gran sinceridad. Ahí no hay trampa. Es una actriz muy versátil."

Clarkson estaba intrigadísima por el papel de su personaje dentro de la estructura de la historia. "Ella es otro giro dentro de la película que funciona a varios niveles. Cuando aparece mi personaje, crees que puede ser la que revele la verdad, la que aporte algo de consuelo y marque el final del viaje, pero entonces descubres que todavía quedan muchas sorpresas. Esto es lo maravilloso de la novela y del guión."

Otro incentivo para Clarkson fue trabajar con DiCaprio. "Consigue una transformación total de su personaje, pero de una manera muy sutil y delicada. Me encantó trabajar con él porque en cada toma se entrega al 2000%", dice.

Para Emily Mortimer, su papel también resultó irresistible. "Rachel es un personaje fantástico e intimidante porque nunca la ves cuerda en la película", comenta. "Fue muy emocionante penetrar en el mundo gótico de los años 50 recreado por Marty, que nos remonta al estilo de las películas que se hacían entonces. Lo que más me gusta de la película es que plantea una pregunta que todos nos hechos hecho alguna vez: ¿Estoy loco o es el mundo el que está loco? Rompe con la percepción de lo que es real y lo que no, y Marty capturó esto a la perfección."

Scorsese también se quedó prendado de la interpretación de Mortimer. "Su forma de interpretar a Rachel es muy conmovedora. Me la creí totalmente y el giro de su personaje lo hace realmente escalofriante."

Quizá lo que más le costo a Mortimer fue reconocer que formaba parte de un reparto tan distinguido. "Estaba muy orgullosa de ser parte del reparto, pero también fue difícil porque ahí estaba yo, teniendo que hacerme la loca delante de gente como Leonardo DiCaprio, Sir Ben Kingsley y Mark Ruffalo, aunque me apoyaron en todo. Leo es un actor muy generoso. Me hizo sentir muy cómoda", dice. "Nuestros personajes tienen una dinámica interesante por el contraste entre lo que ves en la pantalla y lo que está sucediendo realmente en los recovecos de sus mentes."

DiCaprio también disfrutó de la dinámica. "La interpretación de Emily es increíble y su personaje es un revulsivo para Teddy", dice.

Otro impactante papel secundario es el del recluso de Shutter Island George Noyce. Una cara misteriosa del pasado de Teddy, Noyce está interpretado por Jackie Earle Haley (Little Children), otro actor que interesaba a Scorsese. "Me pareció fantástico en Little Children y fue muy interesante trabajar con él", comenta el director. "Manejó el diálogo con Teddy de manera fascinante. Deja al personaje de Teddy conmocionado y es uno de los puntos fuertes de la película."

Dice Haley, que tuvo que someterse a largas sesiones de maquillaje para interpretar al maltratado Noyce: "George comparte con Teddy una escena crucial y no puedo describir la emoción que sentía al trabajar con Leo mientras Marty daba indicaciones. Era un sueño hecho realidad. Entre toma y toma Marty venía, nos movía y cambiaba pequeños detalles para mejorar el resultado."

El legendario Max von Sydow (La escafandra y la mariposa) completa el espectacular reparto de la película interpretando al Dr. Naehring, una de las figuras más amenazadoras y siniestras de Ashecliffe. Dice Scorsese: "Max von Sydow es un grande del cine. Creo que le vi por primera vez en El séptimo sello, de Bergman, y su trayectoria a lo largo de 50 años ya forma parte de la historia del cine. Es fascinante observar el control que tiene. Posee la inteligencia y la confianza para plasmar la naturaleza de este hombre, un antiguo nazi. También representa la otra cara de la profesión psiquiátrica. El Dr. Naehring no es un villano, sino alguien que cree de verdad en lo que hace."



Detrás de Shutter Island: La inaudita pero verdadera historia de las instituciones mentales

Shutter Island transcurre en un macabro mundo que apenas ha sido llevado al cine: el de las instituciones psiquiátricas de la década de los cincuenta, en una época en la que el tratamiento de aquellos con los más violentos ataques de locura estaba a punto de experimentar una importante revolución. Cuando los oscuros días de los psiquiátricos "estilo barracón" dieron paso a una nueva época de potentes cirugías cerebrales y fármacos neurológicos, los pacientes se perdían en instituciones kafkianas mientras otros eran conejillos de nuevos experimentos en los que se basaron nuestras teorías contemporáneas sobre la demencia criminal. A medida que el misterio de Shutter Island se desenreda, Martin Scorsese nos transporta a un oscuro mundo que se mantuvo oculto hasta hace muy poco.

Las instituciones mentales se remontan a la Edad Media, pero incluso antes de entonces, las sociedades se debatían sobre qué hacer con aquellos tan locos que podían resultar un amenaza en el mundo exterior. Dicen incluso que la expresión "barco de locos" hace referencia a los barcos sin rumbo que llevaban a los locos a alta mar como una primera forma de institución.

Los manicomios europeos de los siglos XVI y XVII son los antecedentes de los de Estados Unidos. Eran fundamentalmente cárceles, no centros de tratamiento, agujeros inhóspitos en los que los pacientes estaban encadenados y eran tratados como animales, golpeados hasta la sumisión y "almacenados" en condiciones espantosas, a menudo hasta su muerte. Quizá el ejemplo más atroz fue el enorme Hospital Bethlehem de Londres, cuyo nombre se redujo a Bedlam Hospital, que a su vez dio lugar a la palabra inglesa bedlam, que significa "casa de confusión". El hospital abría sus puertas a los visitantes, que a cambio de un penique, podían contemplar, insultar e instigar a los prisioneros. La sociedad les consideraba herramientas de la voluntad del Demonio, así que había escasa compasión hacia su sufrimiento. Sorprendentemente, por el contrario, los manicomios medievales de Persia eran relativamente progresistas y usaban baños calmantes, terapia con música y formas iniciales de psicoterapia para intentar reinsertar a los pacientes en la sociedad. Bedlam fue también una película de Val Lewton de 1946 cuyo reclamo era: "¡Sensacionales secretos de la atroz casa de locos REVELADOS!"

No fue hasta 1792 cuando un manicomio de París probó a cortar las cadenas de los pacientes y pasar de mazmorras sin ventanas a habitaciones con luz. El hecho de que algunos pacientes considerados incurables se recuperasen afianzó esta visión. Surgió entonces lentamente la era del "Nuevo Tratamiento", que daba más importancia a buscar una cura, aunque a veces con métodos extremos y salvajes. Lamentablemente, en un principio se experimentó con horrendos tratamientos que iban desde hacer girar a los pacientes a gran velocidad en sillas especiales a "calmarles los nervios", torturándoles literalmente para "hacerles volver a sus cabales". Estas técnicas sólo contribuyeron a aumentar la reputación de los manicomios como lugares de espanto de los que pocos regresaban a la sociedad.

A lo largo del siguiente siglo y medio, los manicomios occidentales siguieron siendo lugares rodeados de miedo y repugna. El primero de Estados Unidos fue fundado por Benjamin Rush en 1769 en Williamsburg, Virginia, y fue la única institución de este tipo durante medio siglo. En esos años, la mayoría de los enfermos mentales del país eran recluidos en hospicios o cárceles, hasta que en 1827 una "Ley Referente a los Lunáticos", prohibió el encarcelamiento de enfermos mentales y se construyeron varias instituciones. Aunque había algunos ejemplos más progresistas, fundamentalmente los manicomios fundados por los cuáqueros en Philadelphia, Boston y Nueva York, seguían siendo instituciones bastante poco acogedoras desde el punto de vista actual, y era habitual el uso de camisas de fuerza e incluso purgas y sangrados.

También surgió una nueva categoría de enfermos mentales, aquellos cuya locura provocaba terribles crímenes. En 1859, Nueva York inauguró el primer Manicomio Estatal para Criminales Trastornados.

Tras la primera guerra mundial, con las revolucionarias teorías de Freud y miles de veteranos con síndrome de guerra, las instituciones mentales comenzaron a mejorar sus condiciones, aunque los tratamientos seguían siendo espantosamente duros. En los años veinte el Dr. Henry A. Cotton, que dirigía el Manicomio de Lunáticos del Estado de Nueva Jersey fue pionero en una serie de cirugías que incluían extraer dientes, amígdalas, intestinos y órganos sexuales para evitar infecciones que se creía que inducían a la locura. En los años treinta, el Dr. Egas Moniz, un neurólogo portugués, empezó a experimentar con la técnica que luego se conocería como lobotomía prefrontal, una cirugía radical que seccionaba fibras nerviosas en la parte del cerebro asociada con las emociones. Aunque efectivamente el tratamiento calmaba a los esquizofrénicos y las psicosis incurables, tenía un gran coste para la personalidad del paciente. Moniz llegó a recibir el premio Nóbel por el descubrimiento de esta técnica.

Durante los años 40, la lobotomía dio lugar una nueva época de la psiquiatría que profundizaba en la fisiología del cerebro y en las formas de alterarla. La escalofriante cifra de 40.000 estadounidenses, algunos con depresión, retraso mental o simplemente un carácter rebelde, fueron sometidos a esta intervención de consecuencias irreversibles. Otros métodos extremos eran los comas inducidos con insulina y la terapia de electroconvulsiones, conocida como "terapia de choque". Afortunadamente, a finales de la década, la aparición de potentes fármacos neurolépticos, como los antidepresivos y los antipsicóticos, prometía una vía de tratamiento más humana, aunque no exenta de controversia.

Tras la segunda guerra mundial, se crearon por primera vez instituciones dirigidas a pacientes con traumas relacionados con el combate, y esto dio lugar a tratamientos más complejos y menos agresivos. Mientras, tras la caída del Telón de Acero, las instituciones mentales de Europa Oriental se ganaron la terrible fama de ser brutales lugares de castigo para los disidentes y presos políticos, en los que experimentos de control mental hicieron que muchos que entraron cuerdos perdieran completamente la razón.

Shutter Island está ambientada en el apogeo de la experimentación psiquiátrica en los años 50 justo antes de las reformas de los sesenta, en la que se cerrarían muchos hospitales mentales del estado.

Para estar seguro de que la película retrataba verídicamente ideas y tratamientos psiquiátricos en esa época, Scorsese contrató a un asesor especial: el Dr. James Gilligan, que fue director de un hospital mental penitenciario para criminales trastornados (el Hospital Estatal de Bridgewater) en la década de los setenta. Los tribunales federales ordenaron que miembros de la Facultad de Medicina de Harvard, dirigida por el Dr. Gilligan, introdujeran nuevos programas en Bridgewater con la intención de mejorar la calidad del tratamiento mental, Desde entonces Gilligan lucha por reformar las instituciones penales y mentales de Estados Unidos y el resto del mundo.

"Tuvimos mucha suerte de contar con el Dr. Gilligan como asesor técnico", dice Scorsese. "Su libro sobre la violencia es un clásico y estuvo en los hospitales psiquiátricos de los sesenta, donde cambiaron las cosas. No sólo es una autoridad en la materia, sino que entiende cómo contar una historia y cómo las obras de arte a lo largo de la historia han reflejado la naturaleza humana."

Gilligan aceptó el puesto en Bridgewater días después de que el documental de Fred Wiseman Titicut Follies dejara al descubierto las lamentables condiciones en las que vivían los pacientes y se encargó de transformarlo en una institución más humana con esperanzas para los pacientes. Recuerda las atrocidades de las que fue testigo de primera mano: "Las celdas parecían mazmorras medievales. Los pacientes estaban encadenados a las paredes, rodeados de excrementos. Los animales del zoo vivían en mejores condiciones", dice. "En Bridgewater fui testigo muchos de los cambios, experimentos y conflictos que aparecen en la película."

A Gilligan, uno de los responsables de las reformas en las instituciones mentales del estado de Massachusetts, le entusiasmó la temática de Shutter Island y el afán de Scorsese por que el hospital ficticio de la película fuera lo más verídico posible. "Marty dejó claro que, dentro del mundo ficticio de la historia, quería que el hospital resultara realista", dice. "Trabajamos juntos para que la historia reflejara la verdadera guerra que se estaba librando a mediados del siglo XX dentro de la psiquiatría: una guerra entre los partidarios de tratar a estos pacientes con nuevas formas de psicoterapia, educación y medicina, y los que consideraban a los enfermos violentos incurables y abogaban por controlar esta conducta inflingiendo daños cerebrales irreversibles mediante el uso indiscriminado de la terapia de choque y rudas formas de cirugía cerebral, como las lobotomías."

Gilligan opina que la enrevesada estructura de la película, tanto como la ambientación, transporta al público a un irresistible viaje psicológico. "El cine es un poderoso medio artístico para recrear los estados mentales inconscientes, los sueños y las alucinaciones", dice. "Puede que la historia de Shutter Island no refleje literalmente cómo tratan hoy en día los psiquiatras a los psicóticos, violentos, suicidas o a los traumatizados, pero consigue expresar de manera metafórica lo que sucede en la mente y la psique de los personajes."

El médico, que actualmente da clases en la Universidad de Nueva York, estaba siempre disponible durante los ensayos y dio pistas al reparto principal y a los extras sobre cómo interpretar a pacientes mentales. "Mi trabajo consistía en explicar a los actores qué sienten los pacientes mentales, cómo interactúan, qué aspecto tienen, cómo caminan, sus expresiones faciales y también su grado de deterioro físico y mental. Todos estaban interesadísimos e investigaron por su cuenta", dice.

Añade: "Me quedé impresionado de lo mucho que Leonardo DiCaprio se documentó para el papel. Rebuscó en los archivos y encontró algunas películas didácticas de los años 40 para profesionales de la psiquiatría que influyeron en su interpretación."

Todo el reparto apreció las aportaciones de Gilligan. "Era muy abierto y le pregunté mucho sobre su experiencia trabajando en lugares como Shutter Island", dice Jackie Earle Haley. "No quería exagerar mi personaje, pero él decía 'No te creerías la de cosas que he visto y aquí estoy viendo cosas muy realistas.' A veces la realidad supera a la ficción."

Brad Fischer dice que contar con Gilligan en el equipo también contribuyó a incrementar el suspense de la película. "Se trata de establecer el tono, la atmósfera, la tensión de querer saber qué está pasando realmente en este lugar que alberga a los peores dementes criminales. El público, como Teddy, siente la necesidad de entender qué está pasando y averiguar quién dice la verdad."



Dentro de Shutter Island: El diseño

Tan pronto como los policías Teddy Daniels y Chuck Aule llegan a Shutter Island se ven envueltos en una inquietante atmósfera gótica que refleja el terror y la angustia que están sintiendo. Con un tiempo espantoso, vientos huracanados y una lluvia torrencial apremiando su investigación, se enfrentarán a un mundo laberíntico de imponentes edificios de ladrillo, largos pasillos, celdas claustrofóbicas y alrededores inundados.

Para crear ese crudo mundo impresionista a partir de localizaciones reales, Martin Scorsese necesitaba que los diseños del departamento artístico fueran extraordinariamente detallados. El director confió esta tarea creativa a muchos de sus colaboradores habituales, entre ellos el premiado cuarteto compuesto por el director de fotografía Robert Richardson, el diseñador de producción Dante Ferretti, la diseñadora de vestuario Sandy Powell y la montadora Thelma Schoonmaker.

La tarea de plasmar la variedad de tonos visuales de la película --del misterio y la confusión a la furia y el pánico, tanto físico como psicológico-- recayó en el director de fotografía Richardson, colaborador habitual de Scorsese y ganador de dos Oscars por El aviador y JFK, de Oliver Stone. Richardson usó la cámara de manera creativa, sinuosa y expresionista para crear la sensación de moverse por una asfixiante neblina de preguntas sin resolver y sensación de incertidumbre. Él y Scorsese buscaron inspiración no sólo en las películas clásicas citadas anteriormente, sino también en los movimientos de cámara y la iluminación de los revolucionarios estudios de Roman Polanski sobre el terror más abyecto Repulsión, Callejón sin salida y La semilla del diablo.

Scorsese explica: "La idea era conseguir recrear un estado mental en la iluminación, el tono de la película y la propia isla. La estética es importante en cualquier película, pero si haces algo relacionado con la vida en la calle, como puede ser el caso de Infiltrados, el aspecto visual es más sencillo, mientras que en Shutter Island, cada fotograma tiene que plasmar un estado mental. Teníamos que crear un lugar que fuera algo más que un escenario, y eso es algo que trabajamos Bob Richardson, Dante Ferretti y yo, " dice. "Hay una sensación visual de no entender lo que pasa a tu alrededor, de no saber quién está al mando, quién tiene el control."

"Bob Richardson es único", añade Bradley Fischer. "Ya en las primeras tomas que vi, las variaciones en la iluminación y la atmósfera eran tan evocadoras que enseguida pensé: 'Se nota que Bob Richardson es el director de fotografía.' Es otro de los magníficos profesionales de los que se rodea Marty."

El trabajo de Richardson proporcionó al reparto otra fuente de inspiración. Dice DiCaprio: "Parece casi un cuadro de Escher, donde las cosas no acaban de encajar y nunca estás seguro de lo que ves. Hay una sensación omnipresente de estar encerrado en un entorno del que no puedes escapar."

Tras largas conversaciones sobre referencias cinematográficas y sobre la estructura de la película y los personajes, Scorsese, Ferretti y Richardson se fueron en misión de reconocimiento para encontrar una isla que no sólo reuniera las condiciones logísticas sino que encajara con la película. Barajaron varias localizaciones en la Costa Este, pero al final se decantaron por las orillas rústicas y rocosas de Peddocks Island, a menos de 250 kilómetros de Boston. Fundada por los indios americanos antes de la llegada de los colonos europeos, ha sido usada por agricultores desde mediados del siglo XVII.

Igual de importante era encontrar un hospital real que pudiera pasar por el imponente e inquietante complejo de edificios del Hospital Ashecliffe, una búsqueda que llevó al equipo por un viaje fascinante a través de la historia de los manicomios. Resultó que la imagen que tenemos de cómo es un hospital psiquiátrico, con arquitectura gótica de ladrillo, pináculos y extensos jardines, se debe en gran parte a los ambiciosos diseños de un médico de la Costa Este llamado Thomas Story Kirkbride, que en el siglo XXI ayudó a fundar una serie de hospitales mentales en Estados Unidos conforme a lo que se conocería como "el plan Kirkbride."

La idea de Kirkbride era diseñar santuarios, casi como catedrales, en donde los enfermos mentales pudieran vivir tranquilamente en un mundo con orden moral. Lamentablemente, en muchos de estos centros los pacientes eran demasiados y los fondos, escasos. Sus largos pasillos cobraron un aire sombrío por el abandono y la falta de mantenimiento.

En Massachusetts se construyeron varios hospitales según el plan Kirkbride pero hoy en día todos han sido reconvertidos en edificios de apartamentos o se encuentran en un estado ruinoso. Aún así, los productores encontraron un manicomio abandonado que reunía las condiciones: el Hospital Estatal de Medfield en Medfield, Massachusetts, cerrado desde los años 60. Aunque el hospital no es un diseño de Kirkbride, tenía edificios de dos pisos de ladrillo rojo rodeados de extensos jardines, lo que le daba un clásico aspecto de psiquiátrico que podía ser usado como base para las creaciones de Ferretti.

Ocupar los edificios, sin embargo, sería un proceso intensivo. Tomando como referencia los planos de Kirkbride, Ferretti recreó de manera escalofriante una institución psiquiátrica de los años 50. Mucho antes de empezar a rodar en Medfield, les presentó a Scorsese y Richardson una maqueta en tres dimensiones del complejo de Ashecliffe, lo que les permitió planear bloques de escenas y posicionar a los actores para los movimientos de cámara. El resultado final era aún más evocador.

"Mi trabajo estaba muy claro", dice el diseñador de producción, ganador de dos Oscars por El aviador y Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet. "Marty quería un look gótico americano y eso es lo que creamos en Medfield."

"Diseñé varias entradas de aspecto gótico y ampliaciones para los edificios existentes. Luego construimos un gran muro rectangular alrededor de los edificios y los jardines no sólo para crear un complejo, sino también para dar sensación de encierro, de estar en una cárcel, incluso de estar en una isla dentro de una isla. También creamos un exuberante jardín dentro del complejo, con parterres y jardines rocosos que los pacientes cuidaban con esmero. Transformamos y rediseñamos todos los interiores, entre ellos las salas de los camilleros y las zonas de descanso, los pasillos, la cafetería y la oficina del Dr. Cawley. Diría que el 60% de lo que se ve en Medfield lo construimos de cero, incluso el cementerio de Ashecliffe, que es importante en la trama."

Para rodar las escenas en la imponente mansión de los directivos de Ashecliffe, infranqueable para la mayoría del personal y los pacientes, el equipo se trasladó al impresionante Club de Golf Turner Hill de Ipswich, Massachusetts. Allí, en el salón señorial de la mansión, con paredes de madera y dominado por una imponente chimenea, Scorsese situó el hostil encuentro entre Teddy y Chuck por un lado, y el Dr. Cawley y el Dr. Naehring por el otro. La celda de Rachel Solando, de la que la mujer descalza desaparece inexplicablemente, se construyó a partir de cero en un barracón de Medfield.

Más adelante, Ferretti convertiría un taller textil abandonado de Taunton, Massachusetts, en una sección del campo de concentración de Dachau donde Teddy Daniels, entonces un joven soldado, es testigo del poder destructivo de la humanidad, rodeado de alambre de espino, recintos con alambradas y un vagón destartalado.

Estos decorados transportaron al reparto a otro mundo alejado de la realidad cotidiana. Dice Patricia Clarkson: "El decorado para mi escena en la cueva te impresionaba nada más entrar. Era cavernoso, sombrío, aterrador e incluso parecía oler a humedad. Era increíblemente realista y me ayudó a meterme en la escena."

"Los decorados eran increíbles. Cuando entré en mi celda y cerraron la puerta estaba muy oscuro y aislado. No parecía un decorado. Si golpeabas una pared te sorprendías de que no fuera de ladrillo. Creo que todo esto nos ayudó a meternos en el personaje", añade Jackie Earle Haley.

Más tarde, el oscarizado supervisor de efectos visuales Rob Legato (Titanic, Apolo 13, El aviador) y el productor de efectos visuales/supervisor de post-producción Ron Ames (Infiltrados) aportarían el toque de magia introduciendo espectaculares nubes y cielos en planos más soleados e intensificarían los tonos grises de la película con retoques digitales. "Contribuyeron a crear una estética muy especial para los acantilados, el agua, la cueva, el cielo, lo que también ayuda a crear de un estado mental", dice Scorsese. "Fue un reto y cada uno de los planos está muy pero que muy estudiado."

La diseñadora de vestuario Sandy Powell, que ya había trabajado anteriormente con Scorsese, dio profundidad al envolvente mundo de Shutter Island. Ganadora de dos Oscars, por El aviador y Shakespeare in Love, de John Madden, a lo largo de su carrera ha recreado muchas épocas y estilos, pero nunca una institución psiquiátrica de los años 50. La base de su trabajo fueron las conversaciones que mantuvo con Scorsese sobre su visión de los personajes.

"Me dio ideas, enfoques y pautas que eran indispensables", recuerda. "Por ejemplo, de Teddy, el personaje de Leo, me dijo: 'No está especialmente bien pagado. Es un tipo corriente.' Supe de inmediato la línea que tenía que seguir. Shutter Island trata lo que ocurre en la cabeza de los personajes, así que la ropa que llevaban los actores tenía que ser creíble en ese viaje."

El reducido y vertiginoso marco temporal de la historia también fue un reto. "Todo transcurre en cuatro días, lo que no daba pie a muchos cambios de vestuario", explica. "La mayoría de los personajes llevan uno o dos trajes, pero con ellos les pasa de todo. Tuvimos que hacer 44 versiones del uniforme de camillero que se pone Teddy porque en el huracán se empapaba y se arrugaba y lo lleva puesto en diferentes aventuras: se mete en el mar, camina por acantilados y duerme en una cueva. Pasa por distintas fases de suciedad y eso es todo un proceso."

Otro aspecto importante del trabajo de Powell es el uso del color, que tanto se asocia a la psicología. "El color es en lo primero que pienso y suele ser algo instintivo", explica. "Por ejemplo, con Dolores, tuve la sensación de que debería ir de amarillo y su vestido se repite a lo largo de la película, así que no podía equivocarme. Ben Kingsley eligió el color de su traje. Me dijo que sentía que su personaje debía ir de verde, así que juntos escogimos el tono exacto, un verde intenso, oscuro, casi aceituna, que encaja con la intensidad del médico."

Para lograr el máximo realismo, Powell buscó prendas de la época, pero acabo diseñando la mayor parte del vestuario. "Las telas de los trajes de los años 40 y 50 eran mucho más gruesas, así que para los trajes de Leo y Mark tuvimos que encontrar telas actuales lo más parecidas posibles para hacer los trajes. Para el personaje de Max von Sydow, el Dr. Naehring, tenía muy claro que quería que llevara un traje oscuro con rayas gruesas y no encontraba una tela con la caída adecuada, así que la tejimos nosotros. Para el personaje de Michelle Williams usé ropa original de la época."

El tejido sonoro de la película también era una pieza vital y corrió a cargo del supervisor musical Robbie Robertson, que conoce a Scorsese desde que éste filmó al grupo de rock de Robertson, The Band, en El último vals. "En vez de escribir una banda sonora convencional, le dije a Robbie, '¿Y si cogiéramos a compositores modernos del siglo XX y algunas canciones conocidas y los combináramos para crear un muro de sonido?', y le gustó la idea. Escogimos juntos piezas de Krzysztof Penderecki, Max Richter, Ingram Marshall, Marcel Duchamp, Morton Feldman, Giacinto Scelsi, Nam June Paik, John Adams, Brian Eno y Robert Erickson y las usamos en distintos momentos. También incluimos canciones populares de principios de los 50, como 'Cry', de Johnny Ray, 'Wheel of Fortune', de Kay Starr, y 'Tomorrow Night', de Lonnie Johnson. Lo que hizo Robbie con la música fue crear una especie de tapiz de lo que sienten Teddy, Chuck, el Dr. Cawley y todos los demás personajes a medida que pasan los días y se desarrolla la historia.", dice Scorsese.



Las tormentas de Shutter Island: el clima

El clima es fundamental para crear la atmósfera de muchos thrillers de terror gótico, pero en Shutter Island no es solo una expresión de la volatilidad psicológica de la película, sino otro personaje impredecible y peligroso que en cuestión de momentos pasa de ser una neblina plateada a un despiadado huracán de categoría 5 que azota la isla con una lluvia y un viento feroces. La responsabilidad de provocar cambios sutiles y paulatinos en la meteorología recayó en el coordinador de efectos especiales R. Bruce Steinheimer, que ayudó a combinar elementos como un infernal aguacero y ráfagas de viento capaces de arrancar árboles. Steinheimer ya había trabajado con Scorsese en Gangs of New York y El aviador, así que sabía que le exigiría la mayor autenticidad posible. Él y el supervisor de efectos especiales Rick Thompson buscaron soluciones técnicas para crear una sensación palpable de las fuerzas de la naturaleza.

"Para la lluvia, acabamos usando cuatro barras de lluvia, dos de ellas de 30 metros de largo, sujetas por enormes grúas para producir lluvia que cubriera una superficie de 40 metros por 15", explica Thompson. "También usamos lo que se llama Spiders, barras de lluvia cuadradas que lanzaban agua con una amplitud de cuadro de 25x25 metros, pero lo más complicado fue que, como Martin utiliza posiciones y movimientos de cámara muy originales, a la hora de colocar las barras de lluvia y las grúas teníamos que ser igual de creativos."

Para abastecer las barras de lluvia, Steinheimer y Thompson usaron camiones cisterna con capacidad de 150.000 litros y mangueras a presión. Además, se usaron varias mangueras largas de incendios, que expulsaban agua a entre 25 y 35 kilos de presión para conseguir la lluvia y la niebla desaforadas de la última parte de la película. Pero la lluvia no era suficiente para recrear el huracán, también debían conseguir poderosas ráfagas de viento durante algunas de las escenas de mayor suspense de la película. "Para ello contábamos con cuatro ventiladores que funcionan con gasolina capaces de crear vientos de hasta 130 kilómetros por hora", explica Thompson. "Para las escenas en las que el diálogo era importante alternábamos con ventiladores eléctricos, que son más silenciosos y producen vientos de 120 kilómetros por hora. También fijamos tuberías a los ventiladores para conseguir corrientes de aire oblicuas y que la lluvia fuera horizontal. No sólo empapamos a los actores, sino a la mayoría del equipo técnico."

Los actores y los técnicos se resignaron a secarse solo para empaparse de nuevo, listos para pasar a la acción en cuanto sus plegarias se veían respondidas y el tiempo empeoraba. "Rodábamos en interiores cuando hacía sol y en exteriores cuando estaba nublado", remarks Fischer.

"Si no era la grúa tirándote agua encima, eran los tipos de las mangueras de incendios o el ventilador gigante soplándote en la cara.", dice DiCaprio.

A pesar de todo, el resultado final es muy realista. Contribuye a crear la sensación de que los personajes están encerrados en la isla, de que no hay forma de salir de ella y a aumentar el impacto emocional de la historia."





Sinopsis de Shutter Island

Del director ganador de un Oscar® Martin Scorsese y basada en el best-seller de suspense de Dennis Lehane llega Shutter Island, una inquietante historia de misterio e intriga psicológica que transcurre en una isla fortaleza que alberga un hospital para criminales trastornados. En 1954, en el apogeo de la Guerra Fría, el agente federal Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio, tres veces candidato al Oscar) y su nuevo compañero Chuck Aule (Mark Ruffalo) deben acudir a Shutter Island para investigar la inexplicable desaparición de una peligrosa asesina múltiple de una habitación cerrada del infranqueable Hospital Ashecliffe. Rodeados de psiquiatras...

Comentarios Shutter Island

  1. thats good movie

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Detalles de Shutter Island (2009)

Cartel Shutter Island
Del director Martin Scorsese
Título original "Shutter Island"
Fecha estreno 19 febrero 2010
No recomendada menores 13 años